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sábado, 27 de febrero de 2016

Investigaciones arqueológicas en Cartago: el descubrimiento del santuario del Tofet y las diferentes teorías sobre su función.


Qart Hadasht, el nombre fenicio que recibe la ciudad de Cartago es una fundación colonial fechada entre el 825 y 820 a. C., cronología que ha sido confirmada por una inscripción del rey asirio Salmanasar III, pero sobretodo por la arqueología y las dataciones de radiocarbono.
Entre el 149-146 a. C. se sabe que, tras la tercera guerra púnica, la ciudad había sido completamente arrasada por lo que numerosos estudiosos de la Antigüedad eran escépticos frente a la posibilidad de hallar importantes restos en el subsuelo de la zona. Pese a las pocas expectativas, algunos arqueólogos decidieron indagar en las ruinas cartaginesas y encontraron estructuras domésticas, mosaicos o esculturas entre otros restos pertenecientes principalmente al siglo I a. C., es decir, a la colonia romana que había sido fundada sobre la capital púnica. De la urbe fenicio-púnica, en cambio, solo se pudieron localizar las ruinas de una necrópolis, sorprendentemente gracias a las excavaciones del padre Louis-Alfred Delattre. 
El descubrimiento que nos ocupa es el del santuario del Tofet. Su peculiar historia comienza en el año 1921 cuando Paul Gielly, un funcionario francés, contactó con un saqueador de tumbas árabe el cual no dudó en ofrecerle una estela que presentaba símbolos de la diosa púnica Tanit. Este hecho fue el inicio del cambio en relación a la investigación de la Cartago prerromana ya que Gielly, sospechando de la importancia de la pieza, puso en conocimiento del jefe de policía de Túnez, François Icard, que era además coleccionista y estaba muy al tanto del funcionamiento del mercado negro, el ofrecimiento del saqueador árabe. Icard, muy interesado en la procedencia de la pieza, intentó que el árabe revelara su lugar de origen pero este eludió dar explicaciones. Icard puso al árabe bajo seguimiento hasta que finalmente una noche este acudió al lugar del yacimiento y fue sorprendido sacando, en un pozo situado a poca distancia del antiguo puerto, numerosas estelas votivas
Estela votiva dedicada a Baal y con representaciones de Tanit, procede del Tofet de Cartago. Museo Británico, Londres

Este suceso propició el descubrimiento del santuario de Tanit o Tofet ya que, tanto Icard como Gielly, comenzaron en 1922 una serie de excavaciones después de adquirir la parcela. Dos años después, en 1924, ambos pasaron el testigo a Byron Khun de Prorok, un polémico “arqueólogo” (o saqueador de tumbas) que a comienzos del siglo XX recorrió África en busca de las minas del Rey Salomón. Este peculiar personaje predispuso la intervención de un comité franco-americano en el Tofet. Participaron historiadores, profesores universitarios, expertos en cerámica y epigrafistas que aplicaron sus conocimientos y las formulas metodológicas más avanzadas de las que se tenía conocimiento para llegar a revelar, tras numerosos trabajos, la existencia de un santuario al aire libre con altares, betilos y estelas en su mayoría. Se hacía en estas últimas referencia a los dioses y patrones de Cartago, Tanit y Baaal-Amón, y además permitieron obtener un mayor conocimiento y confirmar el inconmensurable valor del yacimiento en cuanto a las creencias religiosas cartaginesas ya que señalaban los enterramientos en urnas cinerarias que se habían realizado entre la segunda mitad del siglo VIII a. C. y la tercera guerra púnica. 
Un «tofet» o cementerio infantil a las afueras de Cartago, en la actual Túnez. / © JOSEPHINE QUINN / UNIVERSITY OF OXFORD
Uno de los grandes descubrimientos, en relación a los ritos funerarios y que supuso una sorpresa para los investigadores fue comprobar que dentro de las urnas se guardaban restos óseos que correspondían a recién nacidos o de pocos meses de edad. Este descubrimiento parecía verificar las acusaciones de los autores grecorromanos sobre la práctica de brutales sacrificios de niños por parte de los cartagineses a sus dioses.
Actualmente aún se mantiene  el debate de lo que verdaderamente se hacía en el Tofet de Cartago, es decir, ¿es simplemente un cementerio infantil o bien fue un lugar dedicado a la consagración de recién nacidos? Recientemente la revista Antiquity publicó un artículo en el que Josephine Quinn, de la Universidad de Oxford, afirmaba que “Cada vez está más claro que las historias sobre el sacrificio de niños cartagineses son verdaderas. Los griegos y romanos así lo aseguran y esta creencia formó parte de la historia popular de Cartago en los siglos XVIII y XIX, […] Lo que estamos diciendo ahora es que la evidencia arqueológica, literaria y documental acerca del sacrificio de niños es abrumadora y que, en vez de descartarla de lleno, deberíamos intentar entenderla”. 
                                                                                                                         Alba González Fernández

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